Para algunas personas sufrir algún tipo de discapacidad no supone un impedimento a la hora de cumplir un sueño. Carlos Sanchis, en silla de ruedas desde los 18 años por culpa de un accidente de tráfico mientras realizaba el servicio militar, ha recorrido Islandia, en apenas un mes, en un triciclo manual o ‘handbike’, adaptado a la bicicleta de su hermano Míchel.

Con una tienda de campaña, dos sacos de dormir, un hornillo y “lo necesario para ser autosuficiente”, Carlos completó el Ring Road islandés, una carretera de 1.340 kilómetros que bordea la isla. Y es que Sanchis es un cicloturista experimentado que cuenta con retos de superación como el Camino de Santiago y una ruta desde Valencia hasta la Selva Negra alemana.

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Aunque lo acompañaba su hermano pequeño, Islandia supuso un doble esfuerzo por el “clima hostil”. En este sentido, Míchel afirma que las fuertes rachas de viento le hicieron salirse varias veces de la carretera. “Era como si alguien nos empujara para que no avanzáramos”, añade Carlos, que relata cómo, en ocasiones, “era preferible retroceder quince kilómetros a avanzar tres hasta el siguiente campamento”, porque la ventisca, más que la lluvia o el frío, ha sido “lo más complicado del viaje”.

Pero la adversidad no se convirtió en un obstáculo insalvable para estos hermanos apasionados por el deporte y la aventura. El siguiente reto podría ser la Ruta 66 desde Nueva York o un recorrido por los Alpes. Aún no está decidido. Carlos llevó a cabo una gran hazaña al conseguir cruzar un país donde cualquier ser humano se sentiría indefenso ante la fuerza arrolladora de la naturaleza. Con un menor grado de dificultad, pero no por ello menos mérito, otras personas con discapacidad también han logrado alcanzar grandes objetivos.

Discapacitados en la cima del monte Bolón, en Elda

Discapacitados suben al monte Bolón. Foto de Ágora Habla

Discapacitados suben al monte Bolón, en Elda. Foto de Ágora Habla

Este es el caso de cinco personas con dificultades motoras y visuales que superaron sus propias expectativas al conseguir subir, por primera vez, a la cima del monte Bolón de Elda (Alicante), con la ayuda de la asociación Cuentamontes. La incertidumbre y el miedo ante los tropiezos y lo desconocido no pudieron vencer la ilusión y la voluntad de estos montañeros ‘sui géneris’ de alcanzar la meta.

Las personas con discapacidad visual fueron guiadas por una barra de dirección mientras alguien les alertaba sobre la presencia de piedras y escalones. Los que padecían deficiencias motoras ascendieron con sillas adaptadas, sostenidas por voluntarios de Cruz Roja, Protección Civil, el club de montaña Pandetrave (León) y alumnos y profesores de la Escuela Católica de Valencia.

Andrés Molina, presidente de la Asociación de Minusválidos Físicos Intercomarcal aseguró que nunca antes habían subido a un monte y que la experiencia había sido “estupenda”; también agradeció a las personas que les ayudaron a alcanzar la meta porque “son dignas de mérito”, enfatizó. El emblemático monte eldense atrae, cada Navidad, las miradas de los pobladores y visitantes de la comarca pues es la ruta tradicional de los Reyes Magos.