Aunque el plástico es un elemento que llegó a nuestras vidas hace tan sólo algunas décadas, la contaminación que genera en el planeta es una de las más agresivas y de difícil solución a nivel global debido a que su descomposición es muy lenta (una pieza de este material puede tardar de 100 a 1.000 años en desintegrarse).
 
Además, a pesar de que cada vez se recicla más, año tras año las costas y fondos marinos de la Tierra se encuentran repletos de toneladas de basura y de objetos de plástico como bolsas, pajitas, vasos, etc.

Es por ello que, para solventar este problema -teniendo en cuenta que nuestros hábitos diarios muy difícilmente cambiarán-, Kevin Kumala, biólogo indonesio, ha diseñado unas bolsas biodegradables hechas con almidón de yuca, una planta que abunda en su país natal, y además, son elaboradas con la misma maquinaria que es utilizada para la fabricación de las de petróleo.

Las bolsas, que visualmente y al tacto son muy parecidas a las comunes, cuando acaban en el mar u océano, terminan convirtiéndose en agua y alimento para los peces, así como compost, en menos de 100 días. Su precio es de 5 centavos de dólar, un poco mayor al de las bolsas tradicionales, sin embargo, aportan un beneficio incalculable para la conservación de nuestro entorno.

El propio Kumala, para demostrar que el producto no es tóxico ni dañino, se gravó tomando un vaso de agua caliente que contenía un trozo de bolsa disuelto en ella.