El fallecimiento de Fidel Castro, de viejo y en su cama, ha sido uno de los acontecimientos más importantes de estos comienzos de siglo. Toda la prensa mundial ha recogido obituarios de todo tipo, centrados en su sanguinario gobierno dictatorial para unos, o en la herencia de los mejores servicios médicos de América Latina y la total escolarización de la población, para otros.

Poco se ha escrito, sin embargo, sobre la política turística del castrismo,  especialmente a finales de los ochenta después de diferentes fracasos económicos.

En ese tiempo me desplacé en diferentes ocasiones a Cuba por cuenta de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y de la Organización Mundial del Turismo (OMT) para informar sobre la posible evolución del Turismo y de Tabacalera como consultor para el desarrollo de Cayo Coco.

Para trasladarnos al Cayo desde La Habana, volando a Holguín, fui citado a las seis de la mañana en la zona militar del aeropuerto por el Ministro de Turismo Osmany Cienfuegos . Me ofreció un roncito y un Lancero.

Lancero en mano fuimos hasta el avión militar. Al poco de despegar, Osmany me dijo muy serio con su acento local y su característica voz gutural, como si tuviera la nariz cerrada: "Amigo Vasallo, a ver si sacamos adelante esto de Cayo Coco y arreglamos de una vez esta jodedera del socialismo tropical". Magnifica definición de objetivos estratégicos.

Durante esos días tuve la ocasión de entrevistarme con Fidel en varias ocasiones, incluido un interesante almuerzo para diez personas. Regresé a Cuba un mes después con el informe sobre las actuaciones recomendadas en el Cayo y me recibió en su despacho del Palacio de la Revolución, acompañado de Cienfuegos. 

Me pidió mi opinión acerca del Plan del Ministerio de Turismo que preveía llegar a los dos millones de turistas en los años siguientes. Le señale que técnicamente era viable, pero que tendrían que aceptar políticamente una serie de consecuencias del crecimiento y de la necesaria facilitación de la estancia de los turistas, como la distorsiones económicas y sociales provocadas por un cambio dual, el regreso autorizado o no de las jineteras, la evolución en las actitudes sociales y creación de una nueva clase social, la de los poseedores de dólares obtenidos en tratos con los turistas.

Osmany miraba al infinito evitando dar su opinión. Tras un breve silencio, el Comandante se rascó la parte superior de la frente. Llevaba la gorra militar hacia atrás. Exclamó: "Drogas, prostitución, mercado negro, igual que antes. Yo no he hecho la revolución para eso ". La necesidad fue más fuerte que la ideología.

Este año 2016 visitarán la Isla tres millones y medio de turistas extranjeros que se dejarán unos tres mil millones de dólares, la principal fuente de divisas del país junto con las obtenidas por la prestación de servicios de cubanos en el exterior, médicos principalmente.